Tao Te King - Lao Tse







El TAO TE KING

La cultura occidental se basa en el tener, adquirir, poseer, consumir, el Tao nos indica el camino de fluír, y para hacerlo no siempre debemos hacer, dejar que la naturaleza sea la que haga, es una manera de fluír.

Es recomendable, para entender estas enseñanzas a fondo, familiarizarse con el libro clásico taoísta " El Tao Te King" escrito por Lao Tze, poniendo en práctica las mismas, en nuestra vida diaria.

E Taoísmo debe ser entendido como una filosofía de la vida para volver al estado natural, a la conciencia de la que nos hemos alejado mediante el estudio académico y científico, que pretende demostrar todo, mediante el método del análisis, del razonamiento, sin tomar en cuenta aspectos más sutiles de la psique humana, como la Intuición, que a fín de cuentas es la Corona de la Razón.

En este sentido Lao Tze, nos dice en el Tao Te King:

    "Con el conocimiento intelectual, se acumula día a día.
Con el Tao, se disminuye día a día.
Disminuyendo cada vez más,
se llega a la "no acción".
Con la no acción,
se desvanece la idea de dominación.
El Tao, por su naturaleza,
no actúa (para sí) pero no deja
nada inconcluso ya que todo se hace
por si solo".

 

He aquí una hermosa versión del Tao Te King, la cuál debe ser objeto de constante estudio y meditación. 


El Tao que puede expreserse no es el Tao eterno.
El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
Sin nombre, es el origen del Cielo y de la Tierra.
Con nombre, es la Madre de todas las Cosas.
Los dos Tao son uno mismo.
Se diferencian solo en el Nombre.
En su Unidad constituyen el Misterio 
de los Misterios y la fuente de donde 
surgen Todas las Cosas.



El Tao eterno no tiene nombre.
Cuando comienza a ser
es cuando surgen los Nombres.

Los Nombres llegan también a ser
y pueden llegar a saber dónde hay que hacer alto,
Cuando se sabe dónde hacer alto
se está a salvo.

Por eso el Tao en el mundo
puede ser comparado
con los ríos que corren hacia el mar,
que saben dónde hay que hacer alto.



Retorno es el movimiento el Tao.
Desenvolvimiento, es la consecuencia del Tao.

Todas las cosas nacen del Ser.
El Ser nace del No-Ser.



Hay algo misterioso y solitario
que fué antes que el Cielo y la Tierra.
Es Inmutable e Inaprensible.
Es la Unidad y el Vacío.
Recorre un Círculo eternamente y es Inagotable,
por lo que se le puede llamar
"La Madre de Todas las Cosas".
Yo no se su Nombre, pero hago un esfuerzo y lo llamo Tao.



El Tao es un Vacío insondeable
y está en movimiento incesante 
que jamás se agota.

El Tao es la fuente
de donde brotan Todas las Cosas
y su apariencia
es como el agua tranquila de un lago.

Es silencioso
y no siendo conocida su existencia,
permanece, sin embargo como la Realidad Una.

Yo no sé si es hijo de alguien,
ni si tuvo alguna vez origen, pero sé que fué antes 
que el Cielo y la Tierra.



El Tao es Ilimitado
y no hay nada que este exento de Él
en cualquiera de sus partes.

Todas las Cosas le deben su existencia
y una vez consumada la obra
no se considera poseedor de nada.
Viste y cubre a todos los seres
y no se manifiesta como su señor.

Como no posee nada,
se le puede llamar Pequeño.
Como dependen de Él Todas las Cosas,
aunque no le reconozcan como su dueño,
se le puede llamar Grande.



Si quiero atribuír alguna cualidad al Tao,
le llamo Grande.

Grande, esto es, que Progresa.
Que Progresa, esto es, que llega lejos.
Que llega lejos, esto es, que Retorna.


Cuatro Grandes hay en el mundo,
de los cuales, uno es el Sabio.
El Tao es Grande.
El Cielo es Grande.
La Tierra es Grande.
Y el Sabio también es Grande.


El Sabio se rige por la Ley de la Tierra.
La Tierra se rige por la Ley del Cielo.
El Cielo se rige por la Ley del Tao.
El Tao se rige por sí mismo.



El Tao engendra el Uno.
El Uno engendra el Dos.
El Dos engendra el Tres.
El Tres engendra Todas las Cosas.


Todas las Cosas se apoyan en el Yin
y las circunda el Yang.
Un hálito cálido les infunde la Armonía.



Se le mira y no se le puede ver,
Su Nombre es I.
Se escucha y no se puede oír,
su Nombre es Hi.
Se coge pero no se puede tocar,
Su Nombre es Wei.
Tres seres son incognocibles
pero de su unión surge la Unidad.


No existe en ella
ni más luminoso, ni más oscuro.
No puede ser Nombrada.
Está en movimiento incesante
y Retorna a su origen.


Es la Forma sin Forma,
la Imagen sin Imagen,
lo Incomprensible.

Yendo a su encuentro no se ve su rostro.
Siguiéndola, no se ve su espalda.

El que posee el sentido del Tao
y se mantiene constantemente en Él
para dominar su imperfección presente, 
podrá conocer el antiguo principio de Todas la Cosas.
Esto es, el hilo inacabable
sobre el que se mueve el Tao.



El Cielo alcanzó la Unidad y se purificó.
La Tierra alcanzo la Unidad y se afirmó.
Los dioses alcanzaron la Unidad y se 
hicieron poderosos.


El Vacío alcanzó la Unidad y tuvo plenitud.
Todas las Cosas alcanzaron la Unidad
y se reprodujeron.
Los poseedores del Tao alcanzaron la Unidad
y se hicieron el ejemplo del mundo.
Todo esto es lo que produce la Unidad.


Sin pureza, los Cielos pueden temblar.
Sin firmeza la Tierra puede quebrarse.
Sin poder, los dioses pueden sucumbir.
Sin estar pleno, el Vacío puede derrumbarse.
Sin reproducirse, Todas las Cosas pueden agotarse.
Sin poseer el Tao, los Sabios pueden envilecerse.


Por lo tanto,
todas las cosas dependen de lo demás 
para mantenerse sólidas.


Por eso se dice:
" Si desarmas las partes de un carruaje,
no habrá carruaje".



La Vida es emanación del Tao.
Y el contenido de la Vida
sigue por completo la inspiración del Tao.


El Tao es en su origen el Vacío.
Una confusión inaccesible al pensamiento humano.


En el Vacío esta el Germen
de todos los Seres y de todas las Cosas.
Y este Germen es la suprema Verdad.


En esta Verdad es en lo único que puede confiarse,
pues desde los tiempos remotos
esta en ella el Nombre
de todo lo que ha sido y será.
Y los Nombres aún allí subsisten.


Por eso, al Germen podemos llamerle
" El Padre de Todas las Cosas".



El espíritu del Valle nunca muere.
El espíritu del Valle
es "La mitad sombría",
y su Puerta
La Raiz del Cielo y de la Tierra,
que sin cesar e ininterrumpidamente
actúa sin fatiga.


Ayúdale 
y te servirá fielmente.



El espacio entre el Cielo y la Tierra es como 
una flauta:
esta vacío y mantiene su oquedad.
Y, no obstante, su contenido es inagotable.



Es solo en el Vacío
donde se halla lo que verdaderamente es esencial.


Es el Vacío que hay entre los rayos de una rueda
lo que hace que la rueda pueda utilizarse.
Es el Vacío que hay en el interior de las vasijas
lo que hace que las vasijas puedan utilizarse.


Es el Vacío que hay entre las paredes de una habitación
lo que hace que la habitación pueda utilizarse.


Por eso, el Ser es de utilidad, 
pero el No-Ser,
lo que hace que el Ser pueda utilizarse.



El Tao no lucha
y, sin embargo, vence bien.
No habla
y, sin embargo, responde siempre 
con la respuesta exacta.
No llama
y, sin embargo, todo llega por sí solo.
Posee la calma
y, sin embargo, realiza bien las cosas.


La red del Cielo es de malla amplia,
pero no pierde nada.



Cuando un Sabio oye hablar del Tao
lo entiende y obra según el Tao.
Cuando un hombre medio oye hablar de Tao
lo entiende en parte y en parte duda.
Cuando un hombre vulgar oye hablar del Tao
se ríe de Él a carcajadas.
Y si no se ríe a carcajadas
es que no se le ha hablado del verdadero Tao.



Los Sabios antiguos dijeron que en el Tao
la Luz es Tinieblas,
La Sabiduría parece necedad
y progresar es Retornar.
¡ Verdaderamente, el Tao es una confusa maraña!


Para alcanzar el Tao,
La Virtud más elevada es solamente un vacío.
La Virtud más vasta es insuficiente.
La Virtud más sólida es vacilante e inestable.


¡Oh, gran cuadrado sin ángulos!
¡Oh, vaso jamás lleno!
¡Oh, gran voz del Silencio!
¡Oh, gran Imagen sin Forma!


¡El Tao oculto, que no tiene Nombre, 
es el único Perfecto!



Los Sabios antiguos poseían una sabiduría sutil
y un entendimiento profundo.
Tan profundo, que era dificil entenderlos.
Y porque era dificil entenderlos
debe describírseles en la siguiente forma:


Cautelosos, cuál si atravesaran un río helado.
Prudentes, como si temieran los peligros de todos lados.
Indiferentes, como un extraño.
Débiles, como el hielo que comienza a fundirse.
Puros, como un trozo de madera a punto de ser
esculpido.


Adaptables como el agua.
Vacíos, como el Valle.



A Venir, llamamos vida.
A Marchar, llamamos Muerte.


Hay pocos que entienden la Vida
y pocos que entienden la Muerte.
Y pocos que mientras viven
se acuerdan de la Muerte.
La razón de esto es que los hombres
quieren, ante todo, acrecentar su vida.
Por eso desconocen el secreto de la Vida 
y de la Muerte.


He oído decir que el que conoce 
el secreto de la Vida y de la Muerte,
camina sobre la Tierra 
sin temor al rinoceronte ni al tigre;
avanza por en medio de un ejercito
sin huír ante las corazas y las armas.


El rinoceronte no encuentra
donde hincar su cuerno.
El tigre no encuentra 
donde clavar sus garras.
El arma no encuentra donde
hundir su corte.


Porque ninguna de estas cosas encuentra
sitio alguno para la Muerte.



Todos los hombres se afanan por encontrar la felicidad.
Caminan a su propio sacrificio
como si asistieran a un banquete.
Y llenos de orgullo,
viven inconcientemente
como si estuvieran en los jardines de una 
terraza en Primavera.


Solo yo permanezco en quietud
y no tengo deseos de expresar.
Soy como un niño que aún no conoce la sonrisa
y vivo libre como una persona sin familia ni hogar.


Todos los hombres poseen mil cosas superfluas.
En cambio, a mi estas cosas no me interesan.
¡Tengo el corazón de un loco!
¡Tan revuelto y tan confuso!


Los demás tienen el aire de seres inteligentes
que todo lo han aclarado.
Yo vivo, en cambio, en la ignorancia.


Todos los hombres confían más o menos en sí mismos.
Yo voy arrastrado por las olas
sin tener un punto en que sujetarme.


Todos los hombres tienen un propósito.
Solo yo no busco nada
y, aparentemente, no tengo objetivo en la vida.


Solo yo soy distinto de los hombres.
Sin embargo, es mucho esto de que me alimento con el Tao.



Mis palabras son muy fáciles de comprender
y muy difíciles de ejecutar.
Pero pocos las comprenden 
y pocos las ejecutan.


Mis palabras se basan en un Principio eterno.
Los hechos de los hombres solo tienen una Causa.
Como no se ocomprende mi Principio,
no se me comprende a mi.


Precisamente porque tan dificilmente se me comprende,
en esto consiste mi importancia.


"El Sabio camina con pobres vestiduras,
pero en el pecho oculta una joya preciosa".


Todo el mundo dice que mi Tao es grande,
pero por decirlo así, inútil.


Precisamente por ser grande
es, por decirlo así, inútil.
Porque si fuera útil
hace tiempo que se hubiera vuelto pequeño.


Cuando el hombre conoce lo bello
conoce también lo no bello.
Cuando el hombre conoce lo bueno
conoce también lo no bueno.


Porque lo pesado y lo ligero,
lo largo y lo corto, lo alto y lo bajo,
el silencio y el sonido, el antes y después,
el Ser y el No-Ser, se engendran uno a otro.



El Tao es como el tensador del arco:
Aplasta lo elevado.
Realza lo bajo.
Disminuye lo excesivo.
Aumenta lo escaso.


Por eso el Sabio:
Realiza, pero no posee.
Actúa, pero no pide recompensa.


Y porque no pide recompensa
es siempre recompensado.



Los seres son engendrados por el Tao,
nutridos por la vida,
formados por el ambiente
y perfeccionados por las influencias.


Por eso todos los seres
honran al Tao y estiman la Vida.
El Tao es honrado y la Vida es estimada
sin que se precise mandato exterior, 
completamente por sí.


¡El Tao y la Vida lo son todo para los seres!
El El Tao engendra
y luego la Vida nutre,
dirige el crecimiento, cuída,
termina, sostiene,
cubre y protege.



El Tao es la Patria de todos los seres.
Tesoro del hombre bueno
y refugio del hombre no bueno.


Las palabras nobles,
tienen gran valor para el que las emite.
La conducta recta,
es un regalo para el que obra.
Los hombres no buenos,
son el instrumento que ayuda a los hombres buenos.


El Sabio que vive en la Patria del Tao,
comprende a los hombres no buenos
y no los rechaza.


Por eso el Tao 
es lo más preciado que hay en el mundo.


Tiene muy pocos habitantes la Patria del Tao.
Aún cuando poseen las más fastuosas ropas 
de ceremonial,
jamás las usan.
No temen a la muerte,
ni la huyen.
No necesitan viajar;
por eso no utilizan embarcaciones ni carruajes.
No combaten jamás.
Por tanto desconocen la lucha,
aunque tienen cotas de malla
y armas poderosas.


Como los antiguos Sabios, 
recuentan diariamente sus actos.


A distancia, ven las aldeas vecinas.
Oyen el canto de los gallos
y el ladrido de los perros.


Pero todo eso no les interesa.


Conocen el secreto de la vida eterna
y viven en un estado de plenitud
hasta el momento de su muerte,
que realizan sin salir de su Patria.



El mundo tiene como Principio
"La Madre de Todas las Cosas".
El que conoce a la Madre
y, no obstante, permanece junto a sus hijos;
el que conoce a los hijos
y, no obstante, permanece al lado de la Madre,
queda a salvo para siempre.



Cuando las cosas no se desean
es cuando llegan.
Cuando las cosas no se temen
es cuando se alejan.


Por eso el Sabio
quiere conocerse a sí mismo
pero no se manifiesta. 
Ama el Tao,
pero no se exalta por el Tao.


Rechaza la violencia
y se afirma en la calma.



El Universo es eterno.
La razón por la cuál el Universo es eterno
es que no vive para sí.


Por eso el Sabio se coloca el último
y se encuentra siempre primero.
Considera su cuerpo como transitorio
y su cuerpo se conserva.
No vive para sí
y por eso alcanza la perfección.


El bien y el mal es lo que valoramos y tememos.
Y, sin embargo, lo que valoramos y tememos
está solamente dentro de nosotros mismos.


¿Que quiere decir esto?


Si yo recibo un bien,
me consterno cuando lo recibo
y me consterno cuando lo pierdo.


La razón de que yo experimente consternación
es que tengo una persona.
Si no tuviera una persona,
¿Que clase de consternación 
podría entonces experimentar?


Sin salir de la puerta 
se conoce el mundo.
Sin mirar por la ventana
se alcanza el Tao.


Cuando más lejos va uno
menos ciencia posee.


Por eso el Sabio no necesita camirar
y llega, sin embargo.
No necesita mirar
y, sin embargo, adquiere certidumbre.
No necesita hacer
y, sin embargo, realiza.



Medita sobre lo Inmutable.
Aférrate a lo que no tiene forma.
Pon tus ojos en lo que es Invisible.
Trata de oír lo que es Inaudible.


Hay que actuar sobre lo que no es.
Hay que ordenar lo que no ha sido revuelto.



Los colores hacen que los hombres tengan 
ojos y no vean.
Los sonidos hacen que los hombres tengan 
oídos y no oigan.
Los sabores hacen que los hombres tengan 
paladar y no gusten.


La acción y el deseo
hacen que los hombres tengan
corazón y no sientan.
La ambición pone confución en la conducta 
del hombre.


Por eso el Sabio actúa para lo interno
y no para lo externo.
Aleja el Ser
y toma el No-Ser.


El que cierra la boca y los ojos
y no abre sus puertas,
se afirma en la tranquilidad y la calma.


Por el contrario,
el que abre su boca y sus ojos
y quiere obtener beneficios,
ése en toda su vida no tendrá remedio.



Quien sabe no habla.
Quien habla no sabe.


El Sabio cierra la boca y los ojos,
anula los sentidos
y se hace impenetrable al mundo exterior,
él abre solo su corazón.


Se recoge en su mundo interior
reuniendo todas las luces íntimas.
Ordena sus pensamientos:
desecha los superficiales 
y medita las cosas profundas.


Entonces, el Sabio se funde con todo.
Lo que significa: fusión oculta con el Tao.


Quien obtiene esta fusión
no es afectado por las amistades o enemistades.
Ni es afectado por el frío, ni por el calor.
Ni por las ganancias, ni por las pérdidas.
No es afectado ni por la magnificencia, ni por la bejeza.


Por eso es el más encumbrado sobre la Tierra
y su ejemplo es beneficioso para todos los hombres.




El Sabio no considera nada como codiciable.
De esta manera, su corazón se afirma en lo verdadero.


Deja su mente en el vacío
y su cuerpo dispuesto.
Debilita sus deseos
y desalienta sus ambiciones.


Hace el no hacer.
Así todo se pone en orden.



El hombre debe obtener en su interior el vacío.
Y una vez en ese estado
debe mantenerse firme en la quietud.


Los seres y las cosas
toman forma y surgen a la actividad, 
para volver nuevamente al reposo.
Así cumplen un mandato.


El Sabio contempla en ellos
las sucesivas mutaciones
y los observa tornar a su origen.


Todo retorna a su origen.
Volver al origen significa ponerse en Reposo.
Ponerse en Reposo, significa cumplir el Mandato.
Cumplir el Mandato, significa caminar hacia lo Eterno.


Caminar hacia lo Eterno, significa ver en lo Invisible.


El que no camina hacia lo Eterno,
vive en la confución, el error y la desgracia.


El que camina hacia lo Eterno, es tolerante.
La tolerancia le conduce a poseer un sentido de lo justo.
El sentido de lo justo, le lleva al dominio propio.
El dominio propio, le conduce a estar de acuerdo
con la Ley de la Vida.


Estando de acuerdo con la Ley de la Vida,
está de acuerdo con el Tao.
Estando de acuerdo con el Tao, 
alcanza la Inmortalidad.
Y entonces queda a salvo
para toda la duración de su Vida.


Hay que ser como el agua
que fluye mansa e indiferente.


Todo va por sí solo.
Si está el agua turbia,
dejadla quieta, y ella solo,
gradualmente, adquirirá transparencia.




Asociacion Mutual Argentina de Podologos
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